La mayoría de las personas saben que dormir es importante para sentirse bien al día siguiente, pero pocas se dan cuenta de cuán directamente afecta la presión arterial y el control del azúcar en sangre, especialmente a medida que envejecemos.
Cuando el sueño es insuficiente (menos de 7 horas) o se fragmenta, el cuerpo libera más cortisol y otras hormonas del estrés. Estos estrechan los vasos sanguíneos, aumentan la presión arterial y reducen la sensibilidad a la insulina, lo que hace que el azúcar en sangre sea más difícil de controlar durante la noche.
Grandes estudios, incluidos los revisados por la Asociación Estadounidense del Corazón, muestran que los adultos que duermen mal constantemente tienen tasas más altas de hipertensión y diabetes tipo 2. Incluso una o dos malas noches pueden provocar picos notables al día siguiente.
Lo contrario también es cierto: un sueño constante y de calidad ayuda a mantener ambos números más estables. Le da tiempo al sistema cardiovascular para recuperarse y permite que la insulina funcione de manera más eficiente.
Patrones simples que favorecen un mejor descanso.:
Las mejoras pequeñas y constantes en el sueño a menudo conducen a diferencias mensurables en las lecturas diarias de presión arterial y glucosa con el tiempo; no se necesitan cambios dramáticos.
Dar prioridad al descanso sigue siendo una de las formas más subestimadas de apoyar la salud cardíaca y metabólica a largo plazo.
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